TODOS PUEDEN CONOCER A DIOS EL PADRE

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe... es don de Dios" (Efe.2:8)

Jesucristo es nuestra piedra de toque espiritual. El revela al Padre... La mente debe estar preparada para apreciar el trabajo y las palabras de Cristo, porque él vino del cielo para despertar un deseo por el pan de vida y para darlo a todos los que tienen hambre del conocimiento espiritual. La inspiración declara que su misión era predicar el Evangelio a los pobres y proclamar el año aceptable del Señor. Su Palabra proclamó que él traería justicia a la tierra y que las islas esperarían por su ley; que los gentiles vendrían a su luz y que los reyes andarían al resplandor de su nacimiento. Este era el Mensajero del Pacto venidero, el Hijo de Justicia que habría de venir al mundo.
Adán y Eva fueron creados a la imagen de Dios. Pero Satanás trabajó constantemente con el fin de destruir esa similitud con la divinidad. La santa pareja cayó ante la tentación y así se destruyó la imagen de Dios. Cristo se puso a trabajar nuevamente. El habría de recrear a los seres humanos. Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo. ¡Escuchad, oh cielos, asómbrese la tierra! El Instructor señalado viene y no es otro que el Hijo de Dios; su divinidad estaba revestida por la humanidad.
Cristo vino a revelar perfección en medio de la imperfección de un mundo corrompido por la desobediencia y el pecado. La Palabra eterna se manifestó en forma humana trayendo consigo toda la sanidad y la eficacia. El Señor trajo el pan de vida, que, de ser recibido, ha de ser para nosotros como el árbol de la vida. La Palabra inspirada dice de este Maestro: "Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo".

La pregunta acerca de cómo podemos lograr un conocimiento de Dios es para todos una pregunta de vida o muerte. Lea la oración de Cristo al Padre, que no intentaba ser únicamente una lección en la educación de sus discípulos, sino que fue dada para el beneficio de quienes habrían de leer los escritos inspirados. "Padre -dijo él- , la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3)
(Manuscrito 15, 1898).